Ellam Onru Paz
 

Ellam Onru

 
¿Qué es la Paz?. Cuándo un hombre está en un sueño profundo, No tiene la menor preocupación por el mundo, aunque éste subsista. Su mente está tranquila y en reposo. Si puede conservar este grado de calma y de reposo mental incluso cuando está activo en el seno del mundo, entondes se realiza la Paz.
 
Puede permanecer así la mente incluso cuando nos enfrentamos al mundo? Esto depende de nuestra forma de entender al mundo. La mente está más agitada si la despojan de su propiedad que si se trata de la propiedad de otro. La pérdida de un bien propio causa más disgusto que la del bien de otro. ¿Por Qué? Porque nuestra manera de valorar las cosas es lo que determina el grado de placer o de ansiedad que nos procuran. Por consiguiente, si aprendiéramos a verlo todo con la misma mirada, la mente permanecería en paz. La mente que sabe que los asuntos del Universo están más allá de su competencia se tranquiliza necesariamente. Del mismo modo, si uno tiene conciencia de no tener ya ninguna pretensión respecto a nada o que todas las cosas son perecederas, la mente permanece en calma. Así, la Paz se instala de forma duradera si se contemplan todas las cosas con una mirada ecuánime. La Paz depende del modo en que la mente aprehende las cosas.
 
Ilustración de lo que precede: un hombre se despierta después de haber soñado. Su mente estaba contenta o molesta, según sus opiniones acerca de las cosas vistas en el sueño; pero, al despertar, su mente no está afectada por todas las peripecias del sueño, permanece ecuánime. ¿Por Qué? Porque sólo en ese momento su mente se permite valorar todos los elementos del sueño de manera igual. No lamentas que el sueño haya cesado. ¿Por Qué? El sabe que el sueño no es eterno, sino que debe terminarse al despertar. Del mismo modo si un hombre sabe que tarde o temprano tendrá que despertar del largo sueño de la vida en este mundo, su mente se volverá inmutable. Es el estado de la calma pura. Es el estado de Paz.
 
Este estado no significa para él el fin de su relación con el mundo. Sólo le pertenecen la paz y la calma de la mente. Sus actos tendrán que adaptarse a las circunstancias. El único cambio que se ha producido con esta obtención de la paz mental es el siguiente; su mente ha conocido la Verdad y ha realizado el desapego; por consiguiente, reposa apacible. Sus actos, aunque puedan variar son imparciales, pero los actos de los demás son cambiantes, sin poder conservar la imparcialidad. Así es como la calma de la mente aporta un bien enorme, no sólo a él mismo, sino también al mundo en general. La Paz indica la vía del comportamiento justo.
 
Un hombre camina con una lámpara encendida en la mano. No puede haber hostilidad entre la luz y los accidentes del camino. Sin duda, no. Sin embargo, la luz y la oscuridad no pueden coexistir. La luz expulsa a la oscuridad, revela los accidentes del camino y permite que el hombre avance con prudencia, subiendo, bajando, yendo por los lados, etc.
 
La luz de la lámpara suprime la causa de juramentos o quejas fútiles como "mi pie ha chocado con un obstáculo" o bien "este hoyo me ha hecho tropezar". Una vez realizada la Paz, el hombre no siente odio ni antagonismo hacia el mundo. La Paz disipa las tinieblas que nos impiden ver la verdadera naturaleza del mundo y sus trampas.
 
En ausencia de la luz de la Paz, que permite adaptarse a las múltiples circunstancias, se condena al mundo y se le acusa de todos los sufrimientos, como uno se queja de los obstáculos que encuentra a lo largo de un camino. Por eso a un hombre que ha realizado la Paz Suprema después de haber conocido el mundo como un sueño complicado, no se le debe considerar fuera del mundo y sin que le conciernan sus actividades.
 
De hecho, es el único que está en una armonía efectiva con el mundo. Es el único verdaderamente competente para ser un hombre de acción. Así, la Paz es el regulador de sus actividades.
 
El hombre en Paz puede sentir un deseo de rectificar lo que sucede en el mundo. Si sintiera miedo de éste, ¿cómo podría ser de alguna ayuda para los que consideran este mundo posesivamente y con avidez? Están bajo el demonio del egoísmo y carecen de toda noción de imparcialidad. Para guiar al ciego en un camino o para tratar la ceguera del ojo enfermo, se necesita ver claro.
 
Del mismo modo, el que puede reformar el mundo es el que ha descubierto su propia naturaleza inmutable con respecto a la naturaleza cambiante del mundo y permanece tranquilo. Los hombres así no pueden evitar ayudar al mundo. ¿Por qué? ¿Hay alguien que tenga tan mal corazón que no levante a un niño que resbala y cae? Lo mismo podemos decir de los Sabios, capaces de comprender las dificultades del mundo y de ayudar a la gente.
 
Como está desapegado de la mente y del cuerpo, al Sabio no le afecta el esfuerzo que exige el servicio al mundo, al igual que el principio vital que ha abandonado un cuerpo no sufre, aunque pesadas yuntas pasen por encima del cuerpo y lo aplasten. El Sabio pues, no eludirá el trabajo ni las preocupaciones. Sólo la Paz realizada efectivamente puede producir semejante entereza y semejante calma.
 
En apariencia, la Paz puede dar una impresión de insulsez y de falta de vigor. De hecho, lo puede vencer todo. Lo supera todo en tenacidad y en valor y el éxito depende de estas cualidades.
 
Aun cuando el monte Meru (El Eje del mundo según la Tradición) se derrumbara, el incidente provocaría a lo sumo una ligera sonrisa en el hombre en Paz, si no es que lo dejara totalmente impasible. Este estado es precioso para las cuestiones que conciernen tanto al mundo como al espíritu.
 
La verdadera felicidad del mundo es también la suya y esta felicidad brota tras el fin de una esclavitud. La Paz aporta el bien a todos de todas las maneras.
 
Los adversarios de la Paz son numerosos. Están ahí para probar al hombre. Cuando nos enfrentamos a ellos, debemos estar vigilantes y procurar que la flor frágil de la mente no se vea afectada por sus sombras. Si la flor de la mente se estropea, perderá su perfume, su frescor y su color.
 
Entonces se volvera inútil, impresentable a los demás y a Dios. Debes saber que tu mente es aún más frágil que una flor. Tus deberes para contigo mismo, para con los demás y para Dios se cumplen con la ayuda de esta flor. Por lo tanto debe conservar su frescor siempre y en todo lugar. Toda bendición de la mente es obra de la Paz.
 
Adora sin cesar al Dios de tu Sí con la flor de la mente. Deja que los aspectos caprichosos de tu mente manifiesten esta adoración. Progresivamente, aprenderán a abandonar sus juegos infantiles y querrán conocer el mismo encanto que tú.
 
A fuerza de observar la Paz que hay en ti, abandonarán sus caprichos. Tú sólo tienes que continuar pacientemente la adoración. No te dejes desviar por estos caprichos de la mente; al contrario, son ellos los que finalmente serán pacificados por la Paz que está en ti. Todo debe estar en Paz.
 
 
Una última palabra. La esencia de los Vedas es la Paz.
 
 
 

 

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